Para comprender mejor esta conectividad de sensaciones con los colores
unidos a las emociones, debemos hacer una breve parada a la teoría de los
colores del pensador alemán Goethe. Realiza una crítica a la teoría newtoniana
sobre la composición y definición de los colores. Newton parte de que los
colores son propiedades proceden previamente de la luz solar.
La luz blanca se puede fragmentar y segmentar en una variante de colores
diferentes, mediante los experimentos que realizó con un prisma dentro de una
habitación. Esta segmentación y espectro de colores observó que eran los
colores Púrpura, Rojo, Amarillo, Verde, Azul celeste y Azul oscuro. Si hiciéramos
girar estos colores dentro de un disco, se crearía el efecto óptico de un disco
blanco, como si fuera la suma y fusión de todos los colores.
Goethe critica esta descomposición
de la luz que se fragmenta en los diferentes colores. Los colores no pueden ser
analizados mediante un método científico propio de las matemáticas ni mucho
menos tratarse como ecuaciones. No son meramente un fragmento de la luz solar
los colores. Además, se los ha desvinculado
de cualquier relación con la naturaleza y sobre todo su conexión con las emociones
y vitalidad.
Goethe observa que no pueden ser tratados los colores de forma analítica,
precisarlo con ecuaciones o fórmulas matemáticas, como pretendía hacer la
ciencia ilustrada. Los colores no son
atributos exclusivos de la luz. Los colores se forman mediante la existencia de
la bipolaridad donde la oscuridad está presente. Observa que la oscuridad tiene
un aspecto decisivo para la existencia de los colores. La bipolaridad da cabida
a la conexión existentes entre los opuestos. Los colores se sitúan dentro de
esta escala de la bipolaridad. Luz y oscuridad marcan este terreno. Observa que
entre los dos extremos hay una serie de colores pasivos y activos. Los colores
más pasivos serían el color azul y violeta. Estos colores pasivos muestran
reposo, tranquilidad, relajación, un aspecto sombrío y melancolía. En el lado
puesto se sitúan los colores activos tales como el amarillo y el rojo que son
manifestaciones del aspecto vital y enérgico de la naturaleza.
El verde es el color del equilibrio entre la vida y la muerte. El verde es
predominante en la naturaleza, en los bosques y árboles. Todo aquello vivo en
la naturaleza el verde tiene un aspecto fundamental, se observa en las plantas
y sus hojas. La vida y naturaleza no se
comprendería sin este color.
Los colores no se pueden desvincular de la naturaleza, personas, y animales.
Hay una serie de elementos naturales que se oponen constantemente. En la
naturaleza existe un dinamismo eterno entre sus elementos opuestos y emociones
contrapuestas. Los colores están
presentes en este escenario dinámico y multifactorial de la naturaleza. En esta
conexión están presentes los humanos, animales y plantas. Los animales reaccionan
de una manera particular ante los diferentes colores. Sin esta interrelación,
no se puede entender la naturaleza de los colores porque todos los estados anímicos
coexisten con los fenómenos multifactoriales que no se pueden precisar mediante
fórmulas matemáticas. El aspecto vital de la vida abarca todo lo orgánico, vivo
natural junto este constante efecto bipolar de los elementos. Las emociones
colorean este escenario de la naturaleza. Sin saborear los colores, sentirlos,
olerlos o verlos no podríamos entender la existencia de los colores. Es un
error desvincular el ser humano con el fenómeno multifactorial de los colores.
El enlace del siguiente video es una pieza musical del artista Javier Paxariño titulada 'Mundo Flotante' desde su album Pangea. Mundo flotante, al igual que la teoría Goetheniana nos muestra una naturaleza dinámica, con todos sus elementos bipolares en constante movimiento, que sin embargo esta bipolariadad nos trae la armonía constante entre la vida y muerte, sin desvincularse los aspectos multifactoriales como los sentimientos y los colores presentes.
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