martes, 1 de enero de 2019

The human puppet (La marioneta humana)


El ser humano ha creado su propia realidad e identidad. Una realidad única que en las otras especies jamás se ha producido. Una persona, con plena facultad de razonamiento, puede examinarse a sí mismo y afirmar que como persona con nombre y apellidos, se reconoce a sí mismo como alguien que es en la sociedad, con amigos y familiares. Esta identidad es reconocible como el aspecto más valor e inseparable del individuo. Al mismo tiempo se genera una dualidad entre la identidad de la persona como lo más sagrado y sus propias entrañas, donde se incluye todas sus vísceras, huesos y carne roja. El sentimiento de estar compuesto de vísceras cada vez es más distante, ya que no lo está vinculando con su identidad. El mecanismo de la consciencia no lo permite y ha establecido su identidad como algo superior. No lo puede relacionar implícitamente con sus componentes orgánicos.


El individuo podría tolerar el encuentro con su doble, como si se tratase de un doppelgaenger, la visión fantasmagórica de su propio doble. Podría tratarse de un truco de magia o juego divertido o en tiempos actuales crear su propio doble mediante una aplicación del móvil. Llegamos hasta el cierto punto de caricaturizarnos, sentir que hacerlo es divertido o quizás de una distracción con suma importancia para la consciencia. Las marionetas cumplen este papel de actores cómicos para entretener. Suben al escenario para cumplir su representación teatral y luego regresan a sus cajas inertes. Sin embargo, los fabricantes de marionetas no pueden crean marionetas con una parecido fiel y real al de los seres humanos. 

Si llegase a crear uno fiel a la imagen del ser humano, la consciencia humana no llegaría a soportar la exactitud que tendría esta marioneta con nosotros; una marioneta cuya representación queda reflejada en sus ojos abiertos eternamente y si nos fijamos atentamente hay en su contenido algo que no queremos ver o nos horroriza. Ya sea por la eternidad de su mirada fija e inerte guardado en un mueble o bien por la exactitud de la copia tanto en la imagen como representación de la especie humana. La consciencia ha creado sus propios mecanismos para la supervivencia del ser humana. 

Necesita estos mecanismos para soportar y tolerar los horrores minimizándolos, ya sea caricaturizando o mediante factores que veremos más adelante. Como los hilos que sujetan a una marioneta, la voluntad de la supervivencia son los hilos invisibles de la especie humana, de un sujeto con consciencia que crea su realidad y creer saber quien es, con un nombre. Paradójicamente su consciencia evita forzosamente ver los hilos invisibles de la supervivencia y de aquí procede el verdadero horror; ver a su propia marioneta humana, como un ser visceral, orgánico ligados a unos hilos tan visibles que ni la propia consciencia puede ignorarlos.