martes, 11 de septiembre de 2018

La magia de la sinestesia: lo que ves, es lo que escuchas.

La sinestesia es la unión de sensaciones. Se establece una vinculación de sensaciones procedentes de un objeto real, o percepción primaria como podría ser el sonido las palabras procedentes de una conversación normal o cuando escuchamos la música con sus infinitudes tonos musicales. No existe una pauta fija para esta unión de sensaciones. Es una cuestión multifactorial que se vincula la misma persona sinestésica, con la unión de sensaciones en toda su infinitud de posibilidades.

Se extralimita de las definiciones propias de las palabras. Las palabras se suman a las emociones, entre las múltiples formas de vivir, sentir y percibir. Los colores se unen a las palabras, no como una cuestión neutral o color de imprenta. Es una emoción y percepción que se fusiona con las palabras. La magia de la sinestesia une estos aspectos. Las palabras adquieren un color, una asignación subjetiva y que puede variar entre las diferentes personas. La palabra se suma a la experiencia de la percepción de un color, olor e incluso al gusto. Cuando en su mente le viene una palabra, ya sea al leerla o escucharla, le viene un color determinado, por ejemplo, la palabra casa la asocia con el color rojo o mesa con el color verde. Las emociones o sensaciones no se limitan a esta bilateralidad. Los colores están vinculados a las emociones.

El color verde puede estar asociado y vinculado a un estado de armonía y tranquilidad, el azul a un estado de tristeza, y así un sinfín de posibilidades. La sinestesia, en la vida real, puede llevar a una compleja sinfonía de emociones interconectadas. Los números, palabras, una sinfonía carente de neutralidad, las personas mismas, llegan a fusionarse con los colores que se forman en su mente y al mismo tiempo un sentimiento propio. Una idea de esta visión adicional del color es cuando nos quedamos un rato delante el sol, y cuando cerramos los ojos aún tenemos la visión del aura amarilla provocada tras la exposición directa con el sol. Esta especie de aura la tiene una persona sinestésica al percibir las palabras o escuchar un sonido. La sinestesia puede permitir ver la música o sonido que estás escuchando. Se abre este ventanal de posibilidades cromáticas con la música. Una melodía puede abarcar múltiples formas geométricas o ver un color determinado que acompaña a la melodía presente.

Los conceptos tales como los días de la semana, estaciones del año pueden adquirir una representación estructural única en el cual cada día, mes o estación del año están ubicados y localizados en una posición exclusiva. Por ello, existen múltiples calendarios con posiciones distintas de los meses. El color rojo ya no es algo exclusivo de los domingos, algo que habitualmente se refleja en los calendarios. Los colores, días de la semana, emociones y así también el estado anímico juegan un aspecto fundamental para restructurar este calendario propio y personal. Los domingos pueden llegar a ser amarillo y los lunes de color rojo e incluso notar olores cuando se llega a formar esta estructura mental de su propio calendario. La magia y don de la sinestesia enlazan esta conectividad de los conceptos mismos de cada cosa, con las emociones y sensibilidad de la percepción.

Esta conexión abarca múltiples factores y no se encierra a una sola definición firme de las cosas. Abre nuevas vías, caminos, nuevas experiencias emocionales y para el conocimiento. Implica un horizonte abierto, carente de centralidad donde cada sensación se conecta con las otras. Es el distanciamiento de una posición unilateral, hacía infinitudes tonalidades reflejadas en el mismo prisma de la vida y todas las cosas que nos rodean: colores, emociones, olores, animales, personas y uno mismo. El don de la sinestesia permite iniciar esta travesía propia de la vida en sus infinitudes posibilidades de una forma extraordinaria y fascinante. 


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