El ser humano ha creado su propia realidad e identidad. Una realidad única
que en las otras especies jamás se ha producido. Una persona, con plena
facultad de razonamiento, puede examinarse a sí mismo y afirmar que como
persona con nombre y apellidos, se reconoce a sí mismo como alguien que es en
la sociedad, con amigos y familiares. Esta identidad es reconocible como el
aspecto más valor e inseparable del individuo. Al mismo tiempo se genera una
dualidad entre la identidad de la persona como lo más sagrado y sus propias
entrañas, donde se incluye todas sus vísceras, huesos y carne roja. El
sentimiento de estar compuesto de vísceras cada vez es más distante, ya que no lo
está vinculando con su identidad. El mecanismo de la consciencia no lo permite
y ha establecido su identidad como algo superior. No lo puede relacionar implícitamente
con sus componentes orgánicos.
El individuo podría tolerar el encuentro con su doble, como si se tratase
de un doppelgaenger, la visión fantasmagórica de su propio doble. Podría
tratarse de un truco de magia o juego divertido o en tiempos actuales crear su
propio doble mediante una aplicación del móvil. Llegamos hasta el cierto punto
de caricaturizarnos, sentir que hacerlo es divertido o quizás de una distracción
con suma importancia para la consciencia. Las marionetas cumplen este papel de
actores cómicos para entretener. Suben al escenario para cumplir su representación
teatral y luego regresan a sus cajas inertes. Sin embargo, los fabricantes de
marionetas no pueden crean marionetas con una parecido fiel y real al de los
seres humanos.
Si llegase a crear uno fiel a la imagen del ser humano, la
consciencia humana no llegaría a soportar la exactitud que tendría esta marioneta
con nosotros; una marioneta cuya representación queda reflejada en sus ojos
abiertos eternamente y si nos fijamos atentamente hay en su contenido algo que
no queremos ver o nos horroriza. Ya sea por la eternidad de su mirada fija e inerte
guardado en un mueble o bien por la exactitud de la copia tanto en la imagen
como representación de la especie humana. La consciencia ha creado sus propios
mecanismos para la supervivencia del ser humana.
Necesita estos mecanismos para
soportar y tolerar los horrores minimizándolos, ya sea caricaturizando o
mediante factores que veremos más adelante. Como los hilos que sujetan a una
marioneta, la voluntad de la supervivencia son los hilos invisibles de la
especie humana, de un sujeto con consciencia que crea su realidad y creer saber
quien es, con un nombre. Paradójicamente su consciencia evita forzosamente ver los
hilos invisibles de la supervivencia y de aquí procede el verdadero horror; ver
a su propia marioneta humana, como un ser visceral, orgánico ligados a unos hilos
tan visibles que ni la propia consciencia puede ignorarlos.
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