La mañana se vuelve tangible mediante múltiples sonidos y visiones rutinarias. Suena el despertador del teléfono móvil con la misma melodía habitual. Rombos naranjas aparecen en mi campo de visión matutina y directamente los asocio con el horario de las 6 de la mañana, hora en la cual cada día me despierto. El número 6 es naranja y susceptible de conllevar alteraciones anímicas. Salem, mi gato negro, me maúlla llamándome la atención para que le haga una acaricia, la primera del día. No me resulta difícil de encontrarle, aunque se esconda entre las sabanas, pues ondulaciones azules, que acompañan a sus maullidos, me orientan hacia su presencia. La palabra serenidad es de color azul, un color que me aporta tranquilidad.
Enciendo la radio mientras me visto para irme al trabajo. Durante un momento puntual de la mañana se escucha el mismo anuncio de siempre de un portal inmobiliario online. No soporto la música de fondo del anuncio, ya que se me aparecen en la parte superior de mi visión triángulos isósceles, realizando un movimiento brusco ascendente y descendiente. Finaliza el anuncio y, mientras termino de prepararme para salir al trabajo, escucho las noticias de la mañana.
La primera parada del día es en la cafetería que hay al lado de casa. Es agradable la entrada, pues el olor matutino de mantequilla recién derretida y untada en las tostadas me provoca un cosquilleo suave en el estómago que me hace estar más despierto y activo. Me dirijo con algo de prisa a la boca del metro de Fontana para coger la línea 3 del metro de Barcelona. Allí se produce un pequeño atasco de vehículos particulares y autobuses urbanos. Veo una neblina de color púrpura cuando bajo las escaleras de la boca del metro, procedente del olor propio que percibo de los gases que expulsan los vehículos detenidos en el atasco. Las paradas de metro Universitat, Palau Reial y Zona Universitaria son de color azul celeste y cuando hablo de estas paradas con alguien se creen que me refiero a la línea 5 de Barcelona que también es azul.
A las 9 de la mañana entro al trabajo. Un incesante número de llamadas llega a la centralita desde un primer comienzo. Estoy acostumbrado a las burbujas que surgen en mi campo visual dentro del despacho de unos 5 metros cuadrados tras cada tono de llamada entrante. Seguro que si mi gato Salem pudiera ver las burbujas no se aburriría demasiado en mi despacho intentando explotarlas.
Una vez de nuevo en casa, entro a mi habitación y con los auriculares puesto me pongo a escuchar varios artistas entre Dead Can Dance, Rajna, Irfan y otros grupos similares. Con una iluminación escasa en la habitación y conectándome a las melodías de estos grupos observo como en mi habitación una serie de ráfagas de colores se conectan entre sí, aportando un estado anímico lleno de emociones variantes. Esta conexión de sensaciones y emociones forman una gran armonía. El álbum en directo titulado “What you see is that you ear” (Lo que ves es lo que escuchas) del artista Belga Wim Mertens me resulta tan familiar a este relato que entiendo lo que intenta expresar este álbum.
Enciendo la radio mientras me visto para irme al trabajo. Durante un momento puntual de la mañana se escucha el mismo anuncio de siempre de un portal inmobiliario online. No soporto la música de fondo del anuncio, ya que se me aparecen en la parte superior de mi visión triángulos isósceles, realizando un movimiento brusco ascendente y descendiente. Finaliza el anuncio y, mientras termino de prepararme para salir al trabajo, escucho las noticias de la mañana.
La primera parada del día es en la cafetería que hay al lado de casa. Es agradable la entrada, pues el olor matutino de mantequilla recién derretida y untada en las tostadas me provoca un cosquilleo suave en el estómago que me hace estar más despierto y activo. Me dirijo con algo de prisa a la boca del metro de Fontana para coger la línea 3 del metro de Barcelona. Allí se produce un pequeño atasco de vehículos particulares y autobuses urbanos. Veo una neblina de color púrpura cuando bajo las escaleras de la boca del metro, procedente del olor propio que percibo de los gases que expulsan los vehículos detenidos en el atasco. Las paradas de metro Universitat, Palau Reial y Zona Universitaria son de color azul celeste y cuando hablo de estas paradas con alguien se creen que me refiero a la línea 5 de Barcelona que también es azul.
A las 9 de la mañana entro al trabajo. Un incesante número de llamadas llega a la centralita desde un primer comienzo. Estoy acostumbrado a las burbujas que surgen en mi campo visual dentro del despacho de unos 5 metros cuadrados tras cada tono de llamada entrante. Seguro que si mi gato Salem pudiera ver las burbujas no se aburriría demasiado en mi despacho intentando explotarlas.
Una vez de nuevo en casa, entro a mi habitación y con los auriculares puesto me pongo a escuchar varios artistas entre Dead Can Dance, Rajna, Irfan y otros grupos similares. Con una iluminación escasa en la habitación y conectándome a las melodías de estos grupos observo como en mi habitación una serie de ráfagas de colores se conectan entre sí, aportando un estado anímico lleno de emociones variantes. Esta conexión de sensaciones y emociones forman una gran armonía. El álbum en directo titulado “What you see is that you ear” (Lo que ves es lo que escuchas) del artista Belga Wim Mertens me resulta tan familiar a este relato que entiendo lo que intenta expresar este álbum.
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